- ¿qué va mejor conmigo la palabra melancolía o la palabra ilusión?
- no sé. ¿Podes pronunciarlas de nuevo?
- melancolía.
ilusión.
Llevábamos algo así como tres años juntos. No es mucho, lo sé, pero habíamos visto ya muchas parejas tropezando, pasos en falso, oscuridad, las parejas. Y ahí estábamos...
Ahí estábamos, sobre todo cuando nadie creía poder decir de nosotros. Ahí estábamos, sobre todos ellos, nosotros, los impensables.
Es que se había vuelto muy simple. Una palabra. Nosotros, desnudos sobre la cama, ella preguntaba y yo siempre...
- no sé... Es difícil decir.
- quiero saber qué instante es ese, ese en el que realmente me ves, ese instante en el que me sentís. Ese instante que soy yo..
- supongo que es ese instante en el que ceñís los labios antes de hablar, ese movimiento que apenas existe y que sin embargo es eterno. ese.
- ¿si? Porque podría haberlo cambiado todo. Ser alguien completamente diferente, podría haberlo hecho, estoy segura. Y entonces, de haberlo hecho, también vos serías diferente, otra persona y yo otro instante.
Se recostó sobre mí y yo pude sentir la forma de sus labios en mi piel. Entonces le dije del futuro, que siempre tendría eso. Que todavía estaba a tiempo...
- Aunque también está ese instante en el que llevas los ojos levemente hacia arriba, ese instante en el que preguntas. Tus ojos son signos de interrogación y tus labios afirman, tus labios dicen.
- No, porque el futuro no está. El pasado en cambio es esto, estos gestos, vos y yo, la cama, las palabras. Pero el futuro no existe. El futuro es todo eso que no soy. No puedo decir del futuro.
El día siguiente se subió a un avión y volvió a su país y yo, un año después volvería al mío. En el avión, llegando a Buenos Aires, pensé en ella y en el tiempo en que habíamos vivido separados, sin sus preguntas, sin sus gestos. Supongo que algo habrá cambiado y ahora serán otros sobre esa cama, serán otras preguntas, será otra poesía.















